Literatura contemporánea en Puebla

Un barco de cristal. Historia, identidad y tendencias

Historia, identidad y tendencias

Introducción

Una de las características del Campo del Arte radica en la indefinición de sus límites como espacio social, nombrarlo así, también implica identificar a los agentes sociales que lo intervienen y lo configuran a través de sus interacciones, producciones y reproducciones discursivas, en este caso, creativas toda vez que proponen una manera de representar algo. Como espacio social, el Campo del Arte es en sí mismo una estructura que determina posiciones, trayectorias, estrategias, luchas, diferencias y semejanzas sobre sus agentes sociales. (Bourdieu, 2012).

Por otra parte, los agentes sociales del Campo del Arte, es decir, los artistas, desarrollan un sentido de pertenencia y diferencia con respecto a otros agentes sociales, a otros campos sociales de los que se distinguen, precisamente, por la subjetividad y objetividad de sus prácticas culturales y propuestas creativas. Por ello, hablamos de un sentido de la identidad (Abric, 2004) de los artistas como agentes sociales especializados del Campo del Arte.

A partir de las consideraciones anteriores, podemos reconocer cómo, en función de la estructura llamada Campo del Arte, y de las prácticas culturales de sus agentes sociales especializados, los artistas, se definen tendencias discursivas (Habermas, 2006, Tomo I) de representación estética que orienta, para quienes así lo estudiamos, una dinámica del arte y, en consecuencia, de la cultura.

La interrelación de estas perspectivas teóricas se explica como una visión interdisciplinaria por la forma en que se observa y estudia una realidad determinada, pero también propone, de manera transdisciplinar, una forma de comprensión respecto de la relación histórica, identitaria y de tendencias discursivas contemporáneas de un campo artístico particular: el literario en la ciudad de Puebla.

Entre 2013 y 2014 se llevó a cabo una investigación en torno al campo de la creación literaria en la ciudad de Puebla[1], a partir de un método de investigación de tipo heurístico basado en la técnica de análisis documental, mediante fichas de trabajo, y entrevista a profundidad[2], cuyas transcripciones fueron analizadas mediante el Sistema de Investigación Adaptativo Social, SiAs, (Amozurrutia, 2013). A partir de una revisión actualizada, es que se presenta este capítulo para dar cuenta de lo que, entre 1990 y 2014, ha configurado las características históricas, identitarias y de discurso estético del campo literario de una ciudad tan culturalmente diversa como lo es Puebla.

La primera Secretaría de Cultura que se definió como institución gubernamental orientada para la atención de los aspectos artísticos y culturales en México, fue en el estado de Puebla en 1983, cuya sede se ubicó en lo que, desde 1974, se conoció como la Casa de la Cultura (Ramos, 2014: párr. 7-9).

Entre las actividades artísticas que se ofrecieron en dicho recinto, a propuesta de la Secretaría de Cultura, destacaron los talleres de creación literaria. Al respecto, podemos señalar que esta iniciativa se apega al perfil de quienes ocuparon, en algún momento, el cargo como Secretarios de Cultura de la entidad poblana. El primero de ellos fue el cronista, y figura cultural de la ciudad de Puebla, Pedro Ángel Palou Pérez. Por otra parte, tanto el dramaturgo Héctor Azar Barbar, así como el escritor Pedro Ángel Palou García, estuvieron al frente de esta dependencia (Ramos, 2014: párr. 12).

Uno de los aspectos más interesantes en torno al campo literario que se gestaba, a partir de las decisiones gubernamentales, fue la fundación de la Casa del Escritor en el año 2003 (Carrizosa, 2016: párr. 2). De la misma manera, para el año 2005, se crea el Instituto Municipal de Arte y Cultura de Puebla (IMACP, 2015: párr. 1) y, para 2008, se formaliza un convenio con la Sociedad General de Escritores de México, SOGEM, para impulsar la Escuela de Escritores como parte de las acciones que caracterizarían al IMAC-P (Vega, 2008: párr. 3).

Podemos afirmar también que las convocatorias relativas a la creación literaria, como el Premio Latinoamericano de Cuento “Edmundo Valadés”, instaurado en 1970 (Carrizosa, 2013: párr. 4), así como el Premio Nacional de Cuento Fantástico y de Ciencia Ficción, que comenzó en 1984 con apoyo del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, CONACyT (Fernández, 2017: párr. 3), motivaron y reafirmaron, respectivamente, la forma de un campo literario que comenzó a sumar, además, a diversos escritores como becarios del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, FONCA, o del Programa de Estímulos a la Creación y Desarrollo Artístico, PECDA, o lo que en su momento fue el Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Puebla, FOESCAP.

Aunado a lo anterior, la formación académica en torno a lo literario, es otra de las características que contribuyeron a la dinámica de este campo, particularmente si atendemos que en 1965 se funda la Escuela de Filosofía y Letras de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (FFyL, 2018: párr. 1), entre cuyos Colegios se encontraba, por supuesto, el de Letras.

Si nos apegamos a uno de los orígenes del campo literario, especialmente en Francia (Bourdieu, 2007), sabremos que espacios tales como cafés y galerías, cumplieron una función relevante, tanto para la difusión de las obras, como para la interacción entre escritores y público que alrededor de esta actividad cultural se formaba en el siglo XIX. Por ello, para el caso del campo literario en Puebla, cabe destacar el papel que jugaron espacios semejantes que se ubicaban en el Centro Histórico de la Ciudad, como el café Aguirre o el Bella Época o el café-librería Teorema[3].

Palabra, tinta, papel y recursos estaban puestos y dispuestos para que la dinámica del campo literario fuera en aumento; sin embargo, en el año 2011 el cambio de administración gubernamental marcaría parte del “emprendimiento” institucional a seguir cuando se modificó la Ley de Cultura del Estado de Puebla que, en ese entonces, significó primordialmente la sustitución de la Secretaría de Cultura por un Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Puebla, CECAP, lo que, en términos financieros, reasignó el manejo del presupuesto destinado a cultura y arte a la Secretaría de Finanzas.

Si bien las bases iniciales del trabajo institucional respecto al arte y la cultura continuaron durante los dos primeros años del CECAP, poco a poco desaparecieron o fueron sustituidos. En el caso del campo literario, la Dirección de Literatura en el año 2013 tuvo a su último responsable al frente para ser sustituido por un encargado de oficina, en consecuencia, tres años después, 2016, el inmueble que albergó la Casa del Escritor fue vendido; a nivel municipal, el convenio entre SOGEM y el IMAC-P no se renovó, aunque la Escuela “E” de escritores se instauró como una propuesta local para incentivar la creación literaria a través de una funcionalidad semejante a la que ya se trabajaba, es decir, mediante la implementación de cursos teórico-prácticos, diplomados, talleres.

Y, sin embargo, el campo literario sigue. Librerías[4], editoriales independientes[5], galerías e, incluso, mediante el uso de espacios virtuales[6] en que, cada escritor o escritora, propone diversos materiales a sus potenciales lectores. Pierre Bourdieu (2007: 59-60) explica su teoría del campo como una diferencia que integra dos aspectos del pensamiento tradicional respecto a lo que es una obra de arte y que, de acuerdo a la corriente de pensamiento crítico-marxista (Lukács, Goldmann, Adorno, Heiddeger), es resultado de la influencia de las clases sociales sobre el artista.

Bourdieu (2007: 59-60) pone el acento en que toda obra es forma, ya que en su creación obedece a una lógica interna en tanto que es lenguaje. Así, la obra implica identificar tanto a quienes la producen, como a quienes está dirigida; aunado al concepto de agentes religiosos de Max Weber, Bourdieu da forma al concepto de agentes sociales en tanto agentes sociales especializados que expresan, al actuar en un campo, sus propios intereses, las funciones de sus actividades y el producto elaborado, así, se trata de “microcosmos sociales, campos, que tienen su propia estructura y sus leyes propias” (Bourdieu, 2007: 60).

Por eso entiendo que todo campo es una abstracción, capaz de reflejar tanto el estado de conservación, como las variaciones del entorno, porque permite observarlo como una estructura de la que es necesario conocer la particularidad de sus propiedades en funcionamiento. “El campo ejerce un efecto de refracción… por lo tanto únicamente si se conocen las leyes específicas de su funcionamiento (… es decir su grado de autonomía) se podrán comprender los cambios en las relaciones” (Bourdieu, 2007: 61).

De tal manera que, al tratar del campo literario, debemos observar y comprender la dinámica que dicha estructura representa a partir de sus agentes sociales especializados: los escritores, para entender, desde la construcción y reconfiguración de su identidad, el efecto de refracción que determina, en cierta forma, el grado de autonomía de los mismos y que, en consecuencia, estructura una dinámica social distinta del campo literario que sólo se pretendiera comprender a través del papel que juegan las instituciones públicas o privadas.

……..

Las instituciones públicas operaban dando forma al campo literario en la ciudad de Puebla en la última década del siglo XX, los talleres de literatura ofrecidos apostaron por una política cultural orientada hacia la diversificación de la expresión creativa en al menos tres grandes géneros literarios: novela, cuento y poesía.

Justamente se reconoce que, del taller impartido por Daniel Sada, se configuraron escritores tendientes a cultivar el género novelesco[7], mientras que el taller de Guillermo Samperio se orientó a trabajar mini-ficciones, relatos breves, cuento[8]. Mención particular merece el taller de poesía de José Vicente Anaya pues constituyó la base de un grupo cuyas acciones, en la primera década del siglo XXI, detonaron un episodio que evidenció la forma en que los escritores, de cierta trayectoria o en lucha (Bourdieu, 2012) ejercen una fuerte presión sobre los escritores más jóvenes o de recién ingreso al campo (Bourdieu, 2012) pero, además, explica el tipo de capital simbólico[9] (Bourdieu, 2007) que, en sentido negativo, se cultiva entre los escritores al conformar comités de selección de trabajos y jurados cuando se trata de elegir una obra para ser premiada mediante convocatoria abierta[10], situación que, para el campo literario, marcó una diferencia identitaria, en el sentido de la acción ética, entre los escritores contemporáneos de la ciudad de Puebla.

 

ATSHA5: esas políticas públicas que hizo Palou eran específicamente para encontrar… para reproducir escritores en Puebla ¿no?, para buscarlos, para formarlos, lo cual, creo que derivó sólo en mafias ¿no?

 

Aunado a lo anterior, otro elemento social importante, que marca la trayectoria e identidad de los escritores contemporáneos en la ciudad de Puebla, es el participar de los estímulos económicos institucionales, como FONCA, PECDA, FOESCAP, aunque habría que destacar un elemento de distinción (Bourdieu, 2012) entre quienes acceden a los estímulos, que proceden de circunstancias socio-culturales diferentes y que, por tanto, lo aprecian de esta manera:

 

ATSHA2: es el caso de FONCA… apenas que estuve este año [2013] en los 3 encuentros… solamente en uno de los 3 encuentros hubo una especie como de dinámica donde tú visitabas a los de poesía, y los de poesía a novela ¿no? Algo que me pareció bastante, cómo decirlo, pues grave incluso, era que los de lenguas indígenas que supuestamente están en el mismo nivel, en el sentido del dinero y de la estructura de las becas del FONCA eh… estén completamente separados ¿no?

 

Participar de los estímulos, convierte la obra de los escritores en un documento potencialmente publicable[11]. Justamente, los espacios de publicación como las revistas literarias son, sinceramente, escasos en la ciudad de Puebla, por eso destaca, como parte de la trayectoria identitaria entre los jóvenes escritores, la revista Tierra Adentro:

 

ATSHA5: los últimos casos de los escritores exitosos de Tierra Adentro, han sido… reclutados por editoriales importantes… los ha lanzado a la fama o a las ventas más importantes, a la FIL [Feria Internacional del Libro en Guadalajara] o a tener agentes, a traducciones. El caso de Yuri Herrera, de Carlos Velásquez y Daniel Espartaco Sánchez ¿no? Los últimos tres escritores exitosos de Tierra Adentro.

 

En el caso de la ciudad de Puebla, destaca lo que fue el suplemento Catedral, del diario Síntesis, o la revista Crítica[12] que, semejante al episodio anterior respecto del taller de poesía, fue señalada en 2008 de publicar sólo a ciertos escritores y no a otros, lo que llevó a profundizar las diferencias entre los escritores de la ciudad de Puebla quienes, esta vez, utilizaron los espacios periodísticos para declarar su apoyo o detracción a la revista.

 

ATSMA1: hace tiempo en… contra [de] Crítica. Uno de los dos grupos [literarios] este, pues lo que querían era quedarse con Crítica, y entonces empezaron a hablar de los que estaban en Crítica y… hubo un escandalito…

 

Es importante destacar el hecho de que el periodismo en la ciudad de Puebla ha sido, junto con la docencia universitaria, una actividad que orienta el trabajo del escritor. Si tenemos en cuenta que en la década de los 70 del siglo XX se instaura la Secretaría de Cultura, la aparición paulatina de periodistas que cubrieran la fuente cultural, derivó no sólo en la actividad misma, sino en el cultivo del interés personal por trabajar géneros periodísticos como la reseña, el ensayo, la entrevista que, además, permite un nivel de difusión e inter-conocimiento entre escritores locales.

 

ATSMA1: yo tenía una plana semanal… donde yo hacía entrevistas, entonces me agarraba a un escritor y le empezaba a preguntar cosas más eh… semi-entrevista a profundidad ¿no?

 

ATSHA5: yo también dirijo, un suplemento literario… publico a autores poblanos y nacionales jóvenes…

 

ATSHA2: hay gente que conozco… colegas digamos que publican y que digo, bueno, pues ya sé que los van a ningunear en los grandes periódicos, en las revistas, digo bueno, pues voy a echarles la mano y voy a reseñar sus obras ¿no?

 

Un rasgo identitario entre los escritores de la ciudad de Puebla, se asocia a los capitales económico, cultural y social[13], mismos que definen una aspiración legítima entre los artistas: poder sustentar la vida a partir de la obra que producen. Sin embargo, las condiciones operativas del campo literario, particularmente, dificultan dicha aspiración:

 

ATSHA3: Otra [frustración] es la aceptación de que no voy a vivir de escribir ¿no? Cuando uno es joven, tiene esta ilusión de que… algún día podrás vivir de escribir… y por ahí de los 28, 27 años te das cuenta de que no va a ser así ¿no? O sea, de que hay que buscar otro empleo.

 

Además del periodismo, la docencia es la otra actividad laboral que marca un rasgo identitario entre los escritores locales.

 

ATSHA3: En mi caso yo vivo de dar clases, que me encanta, me encanta la docencia, pero también me cuesta trabajo aceptar que nunca voy a vivir de escribir.

 

ATSHA5: He cuidado que, que todo lo que gano, tenga que ver con las palabras, o sea, trabajo en un periódico y lo que trabajo son palabras, edito notas, columnas y son palabras, daba clases y daba clases de literatura, luego tengo chamba de free lance de escribir reportajes o perfiles y también son palabras.

 

Visto así, explicaré que la identidad es una función “de las representaciones sociales [que otorga] un lugar primordial [a] los procesos de comparación social… Así la representación [del] propio grupo es siempre marcada por una sobrevaluación de algunas de sus características o de sus producciones” (Abric, 2004: 15-16).

De esta manera, la identidad se complementa al considerar que “La referencia a representaciones… de un grupo va a desempeñar por otro lado un papel importante en el control social ejercido por la colectividad sobre cada uno de sus miembros, en particular en los procesos de socialización” (Abric, 2004: 15-16).

Por lo tanto, la identidad es una expresión estructurante y estructurada de la dominación y legitimidad del agente social especializado relativa a un grupo social en un campo determinado.

Por otra parte, la identidad expresa los lazos que se mantienen con la cultura y la sociedad, pero particularmente con el campo de acción y el grupo social, lo que permite inferir la disposición favorable o negativa o ambigua respecto de prácticas sociales, productos culturales, entre otros, que así, determina parte de la estructura de identidad en los agentes sociales especializados, en este caso, los escritores.

Debido a que se configuran modelos ideales, toda identidad, ante la novedad, implica formas de organización del pensamiento que movilizan el trabajo de apropiación cognitiva.

Este trabajo de apropiación cognitiva ocurre mediante la interpretación que, en una representación, implica operaciones mentales como: comprender, anticipar, preparar la interacción, dar sentido al comportamiento que, en relación con la familiarización de lo extraño, (Moscovici,1981, en Jodelet, 1985: 490) desencadena mecanismos generales de la memoria.

Lo anterior significa que la memoria actúa como una función de alienación con lo conocido, porque anticipa operaciones mentales de clasificación, categorización, etiquetaje, denominación, explicación de propiedades taxonómicas y expresiones de expectativas.

Estas operaciones mentales de la memoria como función de alienación, constituyen diferenciaciones sociales por oposición y van a incidir en la construcción y/o reconstrucción de la identidad.

Según la información de la que dispone un agente social o un grupo social, la apropiación cognitiva por diferenciación social puede, como en el caso del capital simbólico, dividirse en positiva o negativa, es decir, o expresa la conformidad, o manifiesta la desviación ante el modelo ideal, generando por ello matrices de identidad fijas. (Moscovici, 1981, en Jodelet, 1985: 490)

De esta forma la identidad se construye por comparación social y, por otra parte, se evidencia de qué manera el grupo social ejerce un nivel de control social sobre el agente social.

En ese sentido, el sujeto se auto-asigna ciertos atributos culturales, valorizados, “relativamente estables en el tiempo” pero que, para existir social y públicamente requieren del reconocimiento de los demás. (Giménez, 2007: 61).

Por tanto, la identidad es un proceso de interacción social que se relaciona con dos tipos de atributos: uno, el que alude a la pertenencia social del agente social especializado, en este caso, los escritores, porque enfatiza su similitud o semejanza con otros; dos, atributos particularizantes, porque enfatizan la diferencia de la unidad idiosincrática (Giménez, 2007: 62-65) que es el sujeto activo como agente social especializado.

Dichos atributos, en el caso de los escritores en la ciudad de Puebla, define un «nosotros» tríadico: a) «nosotros, los escritores en lengua española»; b) «nosotros, los escritores que accedemos a los estímulos institucionales»; y c) «nosotros, los escritores que no laboramos en la institución cultural pública».

Pero dicha definición sólo se afirma en oposición a un «otros» tríadico evidente: a) «los otros, los escritores en lengua indígena»; b) «los otros, los escritores que no acceden a los estímulos institucionales»; y c) «los otros, los escritores que sí laboran en la institución cultural pública».

En la investigación realizada, cabe recordar, sólo pude dar cuenta de escritores en lengua española, que sí han accedido a los estímulos institucionales, pero también de aquellos que sí han laborado en la institución cultural pública. Por eso, expongo la contraparte, al menos desde el «nosotros» que, en oposición a los escritores, expresan los funcionarios de la cultura como escritores que laboran en la institución cultural pública:

 

AFSMA7: a ver, lo social empuja a las personas a ver, a quien tiene un cargo, como una especie… son dos vertientes: una es, tú tienes la obligación de servirme y la segunda es, este, ya te crees mucho y por lo tanto yo no… ya no quiero nada contigo ¿no?

AFSHA8: Entonces llegué también [a la función pública cultural] con una actitud de servicio, con una actitud de entablar una relación si bien, no necesariamente amistosa, sí profesional y cordial para llevar a cabo, de la mejor forma posible, el proyecto que me encomendaron.

 

Estos enunciados representan ciertos indicios de identidad en los funcionarios de la cultura, pues se trata de su opinión, basada en la experiencia resultante de la biografía personal de los escritores que sí ocupan un cargo en la función pública.

Particularmente en el caso de AFSMA7 se define otro indicio de identidad, al afirmar que los escritores hacen uso de la red personal de relaciones cercanas, con el escritor que ostenta un cargo en la función pública, para intentar aprovechar tal circunstancia a su favor.

Por otra parte, observaremos otro aspecto de la identidad al tener en cuenta de qué manera, entre escritores y funcionarios de la cultura, los grupos afines o antagónicos, ejercen un nivel de influencia social sobre el agente social especializado:

 

ATSHA5: [El escritor] Enrique Serna es el más huidizo ¿no? No lo puedes ver, no se deja mangonear… eso es [a] lo que yo aspiro [ser] ¿no?

 

ATSMA6: [Los funcionarios son] Este tipo de escritores que se suben al pedestal… son los ejemplos del escritor que cree que es, o que vale, y la verdad no eres tú [como funcionario] quien debe de decirlo, sino los demás, ese tipo de escritores no, no me identifico.

 

En otras palabras, la influencia del grupo social «escritores» sobre otros «escritores» se diferencia en dos vertientes identitarias: por un lado, se expresa la expectativa de «ser» un tipo de escritor marcado por la actitud de independencia que demuestre ante los escritores y el campo del poder, según la frase «no se deja mangonear»; pero, por otra parte, asigna la densidad de su capital simbólico al reconocimiento público, es decir, se confirma que, para existir social y públicamente, requieren del reconocimiento de los otros. (Giménez, 2007: 61).

Por eso, respecto a la influencia del grupo social «funcionarios de la cultura» sobre los «escritores», se ratifica el signo de distinción por oposición que fundamenta la identidad del «nosotros», escritores que no laboramos en la institución cultural pública. Pero, a la vez, dibuja ciertos indicios de identidad de los «otros», funcionarios de la cultura que, además, no se asumen como tales, según el ejemplo expresado por una escritora que labora en la función pública orientada a la cultura:

AFSMA7: como decía un Secretario del municipio, oye, pero si [los escritores] son una bola de mentirosos, todos inventan cosas que ni son… Y bueno, es esta incomprensión lo que permea, en buena medida, o sea, [como escritor] te sientes limosnero cuando vas a pedir algo… a los funcionarios públicos que tienen la posibilidad de gestionar de verdad ¿no?, recursos, es dificilísimo ¿no?

 

Por lo tanto, se define la identidad individual del sentido de pertenencia mediante atributos particularizantes: la lengua de origen, la obtención de un estímulo a la creación literaria, la actividad laboral fuera de las instituciones culturales públicas, atributos que enfatizan la diferencia de la unidad idiosincrática que es el escritor.

Al mismo tiempo, estos atributos dan cuenta de la orientación simbólica que, sobre los escritores, expresan los funcionarios de la cultura y, a su vez, de aquello que los funcionarios de la cultura afirman de los escritores en torno a la actividad laboral que los distingue, causalmente, como escritores que actúan social y comunicativamente dentro o fuera de las instituciones culturales públicas.

El hecho de identificar la actividad laboral, periodismo y docencia, significa que estamos en presencia de una orientación simbólica que define, entre los agentes sociales, el sistema de acción de su identidad colectiva potencial.

Lo anterior será contundente porque, el funcionario de la cultura, no afirma un sentido de pertenencia, sino indicios de identidad temporal, representados mediante el proyecto cultural encomendado en la institución cultural pública a la que están adscritos, o bien por la forma en que perciben la actitud, tanto de los escritores, como de otros funcionarios públicos, respecto a ellos que, además, han sido y son también escritores.

…….

El Campo del arte es un amplio espectro de instituciones y agentes sociales, por ello, al campo literario lo reconozco, e identifico, como un espacio que se rige bajo sus propias normas, reglas y valores en tanto da cuenta del acto creativo y de la obra literaria propuesta y puesta en circulación; se trata, además, de un espacio que reclama, frente al Estado, como elemento funcional de la estructura del campo del poder, su autonomía pero, sin olvidar que asume diversos tipos y niveles de relación, a su vez, con otros Campos del arte (Bourdieu, 2002: 326).

La tendencia contemporánea de la literatura que se escribe, difunde y lee en la ciudad de Puebla tiene, acorde a nuestros interlocutores, características distintas que emergen según la trayectoria y posición (Bourdieu, P., 2012) que cada uno haya experimentado en el campo literario. Para identificar lo que podemos comprender como tendencias, específicamente se les preguntó respecto a las cualidades tiene la literatura que se hace en Puebla hoy en día.

A partir de sus respuestas, se pueden diferenciar propiedades concernientes a un nivel de transgresión, cual modo de reclamo de la autonomía literaria, que se visibiliza en las acciones sociales que permiten la publicación de la obra literaria, la comparación estilística entre escritores de diferentes épocas, el uso de herramientas tecnológicas y formatos de difusión alternativos, la postura ideológica respecto a la necesidad por incidir en las políticas culturales, autores, autoras y cualidades de la obra literaria contemporánea.

Debido a la notoriedad nacional e internacional de algunos escritores poblanos como Sergio Pitol, Ángeles Mastretta y Pedro Ángel Palou, los escritores y funcionarios de la cultura entrevistados reconocen que “a Puebla se le aprecia en el país y eso les da puntos a sus escritores, sean o no buenos” (ATSMA1). Este reconocimiento implica la consideración de la calidad literaria pues se afirma que algunos escritores locales sólo publican “por las relaciones [que tienen], no por la calidad de lo que escriben… o sea, les importan las historias, pero no lo que me parece que debe importar en la literatura que es cómo” (ATSMA1).

Si exponemos lo anterior como una acción regulada por normas (Habermas, J., 2006, Tomo I), se explica la relación con “el mundo social a que pertenece el mismo actor en su calidad de sujeto portador de un rol que [junto con] otros actores… pueden iniciar entre sí interacciones normativamente reguladas.” (Habermas, J., 2006, 128, Tomo I), de tal manera que el mundo social implica, en el agente social especializado, reconocerse y reconocer a otros en función de las normas sociales vigentes que ha de seguir o transgredir. Por lo tanto, la tendencia entre los escritores es superar la importancia del capital social (Bourdieu, P., 2012) y ponderar la calidad de la obra literaria, para lo cual habría que incidir, desde mi punto de vista, en el diseño de las políticas culturales orientadas funcionalmente por la democracia cultural ya que se “requiere estimular la creatividad y la autoexpresión de todos los grupos sociales, particularmente las de los grupos populares subalternos” (Giménez, G., 2007, 227).

Atendiendo a la transgresión como propiedad discursiva que marca una tendencia, los escritores contemporáneos aprecian que los escritores locales de antaño practicaban una literatura costumbrista porque “antes los escritores sí estaban muy encerrados aquí en Puebla” (ATSHA2). De acuerdo con Teun A. Van Dijk (2007, 102-103) los conocimientos, cuando se consideran desde su naturaleza convencional y social, dan forma a las creencias, en tanto se acepta por los interlocutores los hechos como verdades de acuerdo a la cultura y época. Pero también los conocimientos dan forma a las opiniones, como un sistema de evaluación sobre las creencias, por tanto, son susceptibles de ser transformadas. Independientemente de si la literatura en Puebla poseía características costumbristas, se trata de una comparación que define, para los escritores contemporáneos, la necesidad de escribir sobre historias y temas que superen la noción de lo local porque, en ello, se advierte una orientación transgresora a favor de la diferenciación.

Dicha diferenciación, al considerar el uso de las herramientas tecnológicas actuales, marca otra tendencia respecto a la difusión de la obra literaria pues “hay un montón de blogs, cada uno de mis alumnos escribe, y escribe muy bien… y tienen sus blogs tienen miles de visitas, o tienen 10 mil seguidores en twitter…” (ATSHA3), como el caso de la escritora twittera Alejandra Vergara.

Otro de las tendencias, respecto a las publicaciones, tiene que ver con los formatos del libro como objeto cultural: “Gabriel [Wolfson] es un autor que publica en… editoriales independientes, una cartonera que publican aquí sus alumnos ¿no?, sin ningún tipo de distribución y promoción… él le está apostando a eso ¿no? También por eso me parece un tipo ejemplar y bastante admirable ¿no?” (ATSHA5)

“Una editorial cartonera es un proyecto editorial alternativo, independiente, artesanal y ecológico que nació como reivindicación del trabajo manual, en contra de la industria literaria actual y en una búsqueda constante de justicia social a través de la cooperación y apoyo de colectivos en riesgo de exclusión social o grupos minoritarios con la realización de talleres inclusivos en los que el material principal del proceso de producción de libros es el cartón.” (Martínez A., B., 115, 2013).

Las cartoneras, entonces, dan muestra de una acción social contracultural, sustentada en la solidaridad y fundamentada en el derecho de inclusión social para incidir no sólo en la circulación del bien cultural tangible e intangible que es la obra literaria, sino como práctica social y comunicativa de refracción ante la imposición del campo del poder sobre el campo de la creación literaria en la ciudad de Puebla.

Así como la cartonera tiene el sentido de agrupación, algunas mujeres, dedicadas al periodismo y la literatura, formaron la Asociación de Mujeres Periodistas y Escritoras de Puebla A.C, AMPEP, la que, al menos en su página de referencia[14], manifiesta celebrar una trayectoria de 15 años de 1996 a 2011: “se les ha criticado mucho porque se les ha asociado con un sector de poder y demás, ¿no? Pero creo que como grupo han conseguido cosas… En este caso, ellas en particular, creo que tienen esa ventaja ya como grupo que se han consolidado y que están trabajando.” (ATSMA6).

El tema de las escritoras en la ciudad de Puebla, cuenta con datos interesantes. Durante la investigación realizada, se tomó como base al directorio público del Sistema de Información Cultural, SIC, del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, CONACULTA. Fundamentalmente, se indagó respecto de los escritores radicados en Puebla y que han sido beneficiarios del FOESCAP o del FONCA en algún momento entre 1996 y 2012 conforme a la información pública. De esta indagación se definió un universo total de 97 escritores, de los cuales, tan sólo 20 eran mujeres. Aunado a esta información, destaca el hecho en nuestras interlocutoras de proponer políticas culturales favorables a las mujeres con trayectoria y mayores de 40 años.

Gilberto Giménez, siguiendo a Michel Bassand (1990: 64) distingue cinco modalidades en que se expresan las políticas culturales: reglamentarias, voluntaristas, persuasivas o publicitarias, de subvención y de estímulos (2007: 225-226). Las reglamentarias, se entienden como las leyes o reglas en estricto sentido; las voluntaristas son “el conjunto de acciones culturales emprendidas directamente por los poderes públicos” (Giménez, 2007: 225). Las persuasivas o publicitarias difunden las acciones culturales y los resultados de esas acciones; las de subvención “Consisten en la distribución de recursos financieros… a los actores culturales: creadores, conservadores, animadores, promotores, difusores, etc.” (Giménez, 2007: 226). Por último, las de estímulos tienen como objetivo estimular a los productores culturales en la creación de su obra.

Desde esta perspectiva, se acota una tendencia para fomentar la creación literaria acorde a las políticas culturales de subvención y de estímulos, si bien para las mujeres, cabría señalar al respecto la necesidad de revisar en su conjunto la Ley de Cultura del Estado de Puebla y el tipo de orientación de las políticas culturales que, más allá de los cambios en la administración gubernamental, procuren mejores condiciones para todos los creadores literarios.

Toda tendencia involucra nombres y, en este caso, estilos literarios, así, nuestros interlocutores mencionan constantemente los nombres de escritoras como Beatriz Meyer, Maribel Vásquez, Alicia Flores, Tania Sabugal, Eugenia Bear, Patricia Galán, Martha Porras, Elvira Ruiz, Judith Castañeda, Ma. Alejandra Domínguez y Raquel Olvera, mientras que en el caso de los escritores, se alude a Mariano Morales, Ricardo Cartas, Eduardo Sabugal, Víctor Arellano, Juan Jorge Ayala, Juan Carlos Canales, Gregorio Cervantes, Raúl Dorra, Juan José Ortiz García, Alejandro Badillo, Alí Calderón, Javier Caravantes, Mario Calderón, Jaime Mesa, Enrique Pimentel, Federico Vite, Luis Felipe Lomelí, Gerardo Lino, Günther Petrak, Gerardo Oviedo, Alejandro Meneses, Jorge Abascal, Agustín Fest, Víctor Roberto Carrancá, Gabriel Wolfson, José Luis Zárate, Gerardo Horacio Porcayo, Jaime Roque Moreno, Fritz Glockner.

La lista sólo pretende dar cuenta de los nombres aludidos por nuestros interlocutores, lo que en verdad interesa es conocer lo que, en torno al estilo literario, puede marcar una tendencia.

Los temas abordados por cada escritor o escritora son diversos, pero en cuanto a estilo, los interlocutores poco se atrevieron a identificar rasgos distintivos, antes bien se habla de “literatura que se escribe en Puebla, el adjetivo… no hablan de chalupas, ni de mole… hay… una escritura valiosa, en narrativa, en poesía, en… dramaturgia” (AFSHA8), en algunos casos, tendiente a trabajar “con el lenguaje… A veces parece más poesía que narrativa” (ATSHA5), o bien, “cuidando lo que escriben” (ATSMA1) porque “creo que hay más ambición y no tanto por publicar en editoriales comerciales, sino por hacer mejor tu trabajo” (ATSHA2), situación que se entiende desde lo personal pues “pesa mucho que una vez impresas las palabras ya no se pueden quitar, entonces, me preocupa mucho arrepentirme de lo que escribo…la presión es conmigo mismo.” (ATSHA3).

Pese a lo anterior, se destaca el caso “de la Ciencia Ficción, se creó, digamos, todo un hito a nivel nacional, están gente como Porcayo [Gerardo Horacio Porcayo, escritor considerado “padre” del cyberpunk literario], como Zárate que son ya muy reconocidos en ese ámbito” (ATSHA4).

 

Conclusión

En este devenir que es la obra literaria y sus creadores, la historia contemporánea de la literatura en la ciudad de Puebla se advirtió, previo a la investigación, como un campo social fortalecido desde sus instituciones culturales públicas al que, desde el pensamiento sistémico, se le representó en el siguiente esquema:

Esquema 1: Representación del Espacio Social

Fuente: Elaboración propia, ACGE

Tras los hallazgos de la investigación, el campo literario en la ciudad de Puebla, tuvo otras características. La historia contemporánea sobre este campo es un reflejo del adelgazamiento del Estado respecto a la responsabilidad administrativa sobre la cultura. Si bien dicha situación permea en el ánimo de los escritores, también es cierto que, hasta 2014, la dinámica individual o de grupo, representan acciones de transgresión cuando se trata de las instituciones, los autores de otras épocas o la forma de proceder para publicar, de ahí que se considere que, aunque en ciernes, la identidad de los escritores se arraiga en la unicidad de sus posibilidades laborales y la ética del oficio, lo que significan acciones de refracción respecto al campo literario institucionalizado. Por ello, el esquema originalmente propuesto, fue modificado:

Esquema 2: Niveles de refracción a favor de la autonomía del campo

Fuente: Elaboración propia, ACGE

La historia, identidad y tendencias en cualquier campo social, particularmente el del arte, se configura desde sus instituciones públicas y sus organizaciones privadas, pero sólo desde la voz de sus agentes sociales es que podemos trazar la trayectoria de los campos, las posiciones de cada uno, sus estrategias y luchas al interior y fuera del campo como para entender las prácticas que diferencian acciones, sociales y comunicativas, que identifican un tipo de dinámica cuya tendencia, en el caso del campo literario de la ciudad de Puebla, requiere fortalecer la auto-organización, individual y grupal, de sus escritores y escritoras, para continuar con el legítimo reclamo y puesta en marcha de su autonomía estética y creativa a favor de una dinámica que, desde la distancia, se aprecia como quien viaja en un barco de cristal.

[1] Cuyos resultados se encuentran en la tesis doctoral “Los vasos comunicantes. Construcción socio-cognitiva y comunicacional, de escritores y funcionarios de la cultura, sobre el Campo de la creación literaria en la ciudad de Puebla”, como parte del programa del Doctorado en Ciencias y Humanidades para el Desarrollo Interdisciplinario, Universidad Autónoma de Coahuila y Universidad Nacional Autónoma de México, 2014, de Abril Celina Gamboa Esteves.

[2] Es importante indicar que las entrevistas fueron anónimas y confidenciales, por lo que usaré la siguiente referencia al citar, textualmente, alguno de los interlocutores: AT (Actor Escritor), AF (Actor Funcionario), SM (Sexo Mujer), SH (Sexo Hombre), A1 (Entrevistado 1). Por ejemplo, la identificación que se entiende como ATSMA1 significa: actor escritor, sexo mujer, entrevistada uno; o bien ATSHA2, es decir, actor escritor, sexo hombre, entrevistado dos.

 

[3] Ubicados en el Portal de la 2 sur y Avenida Reforma, calle 5 oriente entre 4 y 2 sur y en Avenida Reforma esquina con 3 norte respectivamente, hoy desaparecidos.

[4] Como el caso de Profética, Casa de la Lectura que, además, cuenta con una biblioteca de uso público, aunque la librería, en sí, es de carácter privado.

[5] Entre las que podemos destacar a El Errante, Ediciones de Educación y Cultura, o la iniciativa de Cleta, Cartonera, cuyo trabajo empezó en la Universidad de las Américas, Puebla.

[6] Ya sea a partir de redes sociales como Twitter, Facebook, o mediante blogs en que destaca el uso de Word Press.

[7] Como el caso de Jaime Mesa, Eduardo Montagner, Isaí Moreno.

[8] Escritores como Yussel Dardón, Guillermo Garay, Josi Garay representan a este tipo de género, especialmente Dardón participó del taller de Guillermo Samperio.

[9] Todo capital simbólico es una respuesta a ciertas expectativas, por tanto, el valor conferido por la colectividad es un reconocimiento de ciertas propiedades poseídas y atribuibles, como categorías de percepción a determinados agentes sociales, como pueden ser el afecto, el carisma, el encanto (Bourdieu, 2007: 174), o como en este caso, propiedades negativas en torno al rechazo.

[10] Las referencias a este caso se encuentran en http://otrolunes.com/30/este-lunes/poesia-y-corrupcion/

[11] A veces la primera obra literaria se publica en la revista Tierra Adentro, de CONACULTA. Para el logro de esta condición, el escritor debe ser menor de 35 años y haber destacado en el ámbito literario local, situación que a su vez está relacionada con el otorgamiento de estímulos a la creación literaria

[12] Publicación bimestral adscrita a la BUAP, se encuentra en el Latindex como parte de las publicaciones que cumplen con altos criterios de calidad, para su edición y circulación impresa y virtual

[13] “el capital económico… permite esperar el porvenir de las posiciones de porvenir… el capital cultural… permite construir este porvenir mediante los golpes de fuerza simbólicos… [en tanto que]… el capital social… permite entrar en la carrera y progresar en ella”. (Bourdieu, P., 2012, 419).

 

[14] www.ampep.org.mx

Los comentarios están cerrados.

[Arriba]